Esperé pasar el tren. Sentada me quedé mirando. Sólo eso. El tiempo transcurría como siempre. Las manecillas del reloj giran y giran, esa es su función, señalar lo irreversible.
Gastón me miró diciéndome que esta vez sería la última. El tren ya no pasaría más ante mis ojos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario